viernes, 1 de abril de 2011

God save the queen

Que fuera culpa de los Ballantine’s, los Bacardi limón, el J&B, o incluso la Absenta, la verdad es que le daba ya igual. Sí, le daba ya bastante igual. El daño ya estaba hecho. Y nada podría causarle mayor dolor.
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Todo daba vueltas en la cabeza de Alice. Desde la primera copa de champán en casa de Lisa, hasta las lágrimas derramadas en el portal de Chase.

Lisa, estoy bien, tranquila, sí, te espero abajo, solo necesito cambiar de aires, te acompaño, recuerda que me tengo que ir pronto, solo una calada, todo igual que antes, ¡taxi!, 25 libras, no nos ha dado la vuelta, alcohol, perfume de Chase, tacones, estoy bien, lluvia, el portero, puedo sola gracias, el ascensor, qué guapo estaba Chase hoy, son las 4, una copa más, solo una, vámonos de aquí, el portal,…, la sonrisa de Chase.
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-          ¿Dónde está Chris?
-          ¿Quién es Chris?
-          El chico con el que bailaba hace poco. Estamos saliendo.
-          Pero si hace una escasa hora que lo has dejado con Chase.
-          Te equivocas, él me dejó a mí. Y lo sé… Pero… Esta vez… Es una corazonada. Mira le he encontrado.
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Alice guiñó disimuladamente un ojo a Lisa, y se mordió los labios mientras caminaba hacia lo que parecía su fin.

En la barra y rodeada de babosos que no dejaban de mirarle el culo, Lisa se preguntó cuales serían las intenciones de su amiga, que jamás salía de casa sino era para quedar con Chase o pasear al perro. Ahora que Chase la había dejado, Lisa creía que las posibilidades de fiesta con su amiga se habían convertido en algo tan remoto como que la cogiesen el próximo año en la Université de Paris, su pequeño sueño particular.

Cuando la llamó poco antes de salir por la puerta, Alice era incapaz de articular palabra. Lisa nunca había notado a su amiga tan afligida como esa noche, por eso creyó que si no salían juntas por la ciudad, a Alice le daría algo. Sin Chase, su amiga era como La Gioconda sin Leonardo Da Vinci. Una obra sin creador. Había estudiado el cuadro en historia del arte hacía pocos años. Y todavía le asombraba esa media sonrisa que asomaba en la cara sin color de la mujer. ¿Sonreiría por algún chiste malo de Leo? ¿Pensaría en alguna locura nocturna junto a su último amante? ¿O simplemente posaba por orden del pintor?

La imaginación de Lisa desbordaba estupideces cuando llevaba alguna copa de más. Y para cuando se dio cuenta de lo que estaba pensando, trató de recordar cómo había llegado hasta La Gioconda. Sí, claro, por Alice, que estaba hundida por culpa de Chase. No creía que existiese un remedio fácil para su ruptura. Sin embargo, quizá Chris fuese la solución. Mientras no las separase como su ex-novio solía acostumbrar a hacer, a Lisa le daba igual con quién decidiese matar su amiga el tiempo.

Últimamente ella y Lisa se veían poco. Entre que apenas se despegaba de Chase y ella hacía lo propio con los libros, su relación se había reducido a un batido los domingos por la tarde, luego de hacer un alto en sus respectivas tareas cotidianas.

Pero hoy Alice se estaba comportando de un modo muy extraño. Para Lisa, que nunca había mantenido un idilio lo bastante serio con un hombre como para poder entender el sufrimiento de su amiga, la conducta de Alice carecía de sentido alguno. Alice nunca había bebido, fumado, o llegado más tarde de las dos a casa. Ni siquiera si Chase era la causa. Alice no se saltaba jamás las reglas. Era el ejemplo que su madre siempre le decía que debía seguir. A pesar de que Lisa se pasaba el día estudiando para ser la mejor de todo el área. A pesar de que ya lo era.

Y ahora Alice estaba entrando en el baño con ese tal Chris.
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Pero si no lo hacía ahora, tampoco podría volver a tener otra oportunidad. 
No fue difícil, no hubo resistencia alguna. 
Pero hubiera sido mucho mejor con Chase.

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