domingo, 24 de abril de 2011

Bonsoir Monsieur Chu

Qué curioso es el recuerdo. Juega con nosotros como la brisa mece el césped en verano. Va y viene. Ligero, agradable, nostálgico. Feliz. Otras veces no tanto. Nos excita o bien nos oprime el pecho. Sonrisa impotente. Lágrima melancólica. Desidia.

Curioso el recuerdo. Casi tanto como los límites que le marcamos. Qué sencillo es obligarse a no añorar y abandonarse al olvido. Evita el daño. Niega la angustia que nos envuelve al recordar que lo pasado, pasado está.

Peligroso el olvido, no tanto el recuerdo. Sobre todo si pretendemos olvidar lo que aún no ha sucedido. Si tratamos de evadir lo que inevitablemente deberá acontecer. Si fingimos que todo irá bien. Si olvidamos vivir el presente, por miedo a enfrentar el futuro.

Olvidar es fácil, solo hay que proponérselo a uno mismo. Tan simple...

Tan simple que a veces incluso olvidamos a las personas que más queremos. Por inseguridad, por cobardía. Por egoísmo. Porque olvidarlas es más sencillo que luchar por no perderlas. Porque tarde o temprano tomarán un camino diferente al nuestro… Y no podremos evitarlo. Se convertirán en un pobre recuerdo. Y los recuerdos duelen. Perforan el alma y la convierten en nítidos fotogramas hechos trizas.

Qué curioso es el recuerdo. Juega con nosotros como... Qué coño importa. 

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