sábado, 26 de marzo de 2011

¡Taxi!

Frenesí y alcohol se confunden tras el asiento del conductor. Los trajes y la lencería yacen en el suelo del vehículo. Zapatos, camisa, vestido, cinturón, pantalones, sujetador, calzoncillos, bragas. Mr. Brightside. Y la música aumenta de volumen. Los cuerpos se frotan, se agitan, se estremecen. Ríen bajo las sombras que proyectan las farolas de la calle. Oscuro, luz, oscuro, luz.

Un jadeo que se derrite entre las piernas húmedas de ella. Un suspiro que se mezcla con el perfume de sus rizos. Vista, oído, olfato, gusto, tacto. Todos los sentidos juegan esta noche. Y ninguno se queda atrás. A 200 Km./h. Velocidad, ansia, placer. El cuerpo guía a la razón. Y ninguno trata de evitarlo. Destino: Hasta el infinito y más allá.

Y así se aventuran, cabalgando entre las gélidas aguas del río, buscando un regocijo inalcanzable. Juntos, los dos. Ahora o nunca.

En el taxi.

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