martes, 26 de octubre de 2010

Bell Buckle

"- ¡Mamá! ¡Mamá! ¿¡La has visto!? ¿¡La has visto!? -. Jack abrió la puerta de cristal que separaba el inmenso jardín del interior de la casa, y comenzó a correr a través de la hierba.

La noche era plácida y calurosa, de verano. Jack disfrutaba con el contacto del césped, que le producía una agradable sensación al tacto, y se empapaba de arriba abajo a causa de los aspersores que su madre aún no había desconectado.
Una carcajada de felicidad resonó en el prado. Jack frenó la carrera y se quitó la camisa llena de jirones que solía llevar puesta cuando él y su madre pasaban el fin de semana en la granja de Bell Buckle.

- ¡Jack! ¡Jack! ¡Vuelve! -. Elisabeth, su madre, encendió la luz del porche y confusa, observó cómo su hijo desaparecía en la noche, en dirección al bosque, bajo una lluvia artificial.
Sin embargo, no pudo evitar sonreir al verlo tan feliz.

Las pequeñas luciérnagas rodeaban a Jack mientras él saltaba y agitaba los brazos, intentando dar caza a los pequeños bichos con las manos. Cuando ya casi tenía una, dos brazos lo agarraron por detrás y lo elevaron a un metro del suelo.

- ¡Suéltame mamá! ¡Suéltame! -. Elisabeth agarraba fuertemente a su hijo mientras lo zarandeaba en el aire y se reía cariñosamente. Jack intentaba zafarse del abrazo de su madre, pero acabó cediendo, no había nada que hacer cuándo se trataba de mamá."



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