Vacío. Esa agradable sensación de estar hueco por dentro. Ese sentimiento que sólo se descomprime al escribir. Ese no-puedo-explicar-qué-me-ocurre, tan imposible de definir. Ese querer y quedarse a mitad de camino. Ese rumbo que te empeñas en perseguir e ignoras por completo. Perder el Norte. La cabeza, la calma, la razón. Rendirse a la búsqueda de un sueño inalcanzable. Y el desasosiego de no entender el porqué. Ese sentimiento de que todo se resquebraja. Ese reprimirlo todo. Absolutamente todo. Y tan frustrante. Cada una de las piezas que nos conducen a la nada.
Vacío... Vacío, y jamás lleno.